En el Nombre de Allah el Misericordioso el Compasivo
Alabado sea Allah, Señor de los mundos. Que la paz y las bendiciones sean sobre nuestro maestro Muhammad, el veraz y digno de toda confianza.
¡Oh Allah! No tenemos conocimiento alguno excepto el que Tú nos has enseñado; ciertamente Tú eres el Omnisciente, el Sabio. Enséñanos aquello que nos beneficie, haz que nos beneficiemos de lo que nos has enseñado, aumenta nuestro conocimiento, muéstranos la verdad como verdad y concédenos seguirla; muéstranos la falsedad como falsedad y concédenos evitarla. Haznos de aquellos que escuchan las palabras y siguen lo mejor de ellas, e introdúcenos por Tu misericordia entre Tus siervos virtuosos.
La educación de los hijos es la obra más grande de todas
Para comenzar, existe un hadiz auténtico recogido en las colecciones fiables:
(( “Yo seré (Muhmmad) el primero en abrir la puerta del Paraíso, pero una mujer se adelantará a mí. Entonces le preguntaré: ‘¿Qué te ocurre? ¿Quién eres tú?’. Ella responderá: ‘Soy una mujer que dedicó su vida al cuidado y la educación de mis hijos huérfanos’.” ))
[ Narrado por Abu Huraira. ]
El trabajo más grande y noble que puede desempeñar una mujer es la educación de sus hijos. Llevo aproximadamente cincuenta años dedicado a la enseñanza y, cuando veo a un joven limpio, elegante, educado y aplicado, estoy convencido de que detrás de él hay una gran madre.
La labor más importante de una madre es la crianza y la educación. Y uno de los errores más graves que puede cometer es dejar esa responsabilidad en manos de empleadas domésticas o ausentarse del hogar durante todo el día, porque lo que una madre puede ofrecer a sus hijos no puede ofrecerlo nadie más: ni una empleada, ni una familiar, ni ninguna otra persona. La madre es la primera y principal responsable de la educación de sus hijos.
A propósito, Allah, Altísimo, dice:
﴾ “Y a quienes hayan creído y cuyos descendientes los hayan seguido en la fe, los reuniremos con sus descendientes, sin disminuir en nada la recompensa de sus obras. Cada persona es responsable de lo que ha adquirido.” ﴿
Para aproximar el significado: la mayor ganancia comercial puede ser del 15%; existen beneficios del 10%, del 8%, del 6%, e incluso pérdidas. En la industria, una ganancia del 25% puede considerarse excelente. Sin embargo, la ganancia obtenida ante Allah mediante la educación de los hijos es inmensamente superior, incomparable, como si fuera “mil millones por ciento”.
Allah dice:
“Y a quienes hayan creído y cuyos descendientes los hayan seguido en la fe, los reuniremos con sus descendientes.”
Uno de los aspectos más profundos de este versículo es que Allah une a los padres con las obras virtuosas de sus hijos y descendientes.
La conquista de Constantinopla fue una de las mayores hazañas de la historia islámica. Esa gran obra figura también en el registro de buenas acciones de la madre de Muhammad Al-Fatih. Cuando él era pequeño, ella le inculcó la idea y el anhelo de conquistar Constantinopla.
Yo observo cosas realmente sorprendentes: detrás de cada gran hombre hay una gran mujer que lo educó y lo formó.
Allah dice:
“Y a quienes hayan creído y cuyos descendientes los hayan seguido en la fe, los reuniremos con sus descendientes y no les disminuiremos en nada la recompensa de sus obras.”
Principios de la educación de los hijos en el Islam
1. El ejemplo precede a la exhortación
Sin embargo, quisiera mencionar una realidad negativa, aunque resulte muy dolorosa: la mayoría de los errores de los hijos provienen de sus padres, de sus madres y de sus maestros.
Si un maestro fuma, el alumno percibe que fumar es algo normal e importante. Si una madre visita a los vecinos acompañada de su hija pequeña y regresa tarde a casa, y cuando llega el padre pregunta: “¿Dónde estaban?”, ella responde: “No hemos salido de casa”, la niña habrá aprendido la mentira de su propia madre.
La amarga verdad es que entre el 70 % y el 80 % de los errores de nuestros hijos tienen su origen en los padres, las madres, los maestros y las maestras.
Por ejemplo, una profesora pide a sus alumnos que copien la lección diez veces mientras ella se dedica a tejer. Sin darse cuenta, está enseñando a sus estudiantes que una persona puede desperdiciar el tiempo y descuidar sus responsabilidades.
Tengo una especialización en educación y puedo afirmar que gran parte de los errores de los niños procede de quienes los educan. Por ello, el ejemplo precede a la exhortación. Los niños aprenden con los ojos más que con los oídos. El ejemplo es más poderoso que las palabras.
2. La bondad precede a la explicación
Asimismo, la bondad precede a la explicación. Llena primero el corazón de quien educas con tu benevolencia y entonces abrirá su mente a tus enseñanzas.
Imaginemos a un padre y una madre que nunca pronuncian una sola palabra de orientación, pero cuyos hijos jamás ven a su padre comportarse indebidamente, ni observar contenidos que desagradan a Allah, ni decir una mentira. En ese caso, su conducta recta constituye por sí sola una lección suficiente.
Cometemos innumerables errores que transmitimos a nuestros hijos sin darnos cuenta. Cuando un padre dice: “Diles que no estoy aquí”, está enseñando la mentira. Debemos ser muy conscientes de ello. Cada palabra del padre se convierte en un método educativo para el hijo; incluso la forma de enfadarse se convierte en una lección.
Por eso, el ejemplo precede a la exhortación y la bondad precede a la explicación.
Antes de que hablemos, tu hijo no te ha visto desnudarte delante de él, ni te ha visto en tu habitación viendo algo que desagrade a Allah. Mientras no haya visto nada negativo, el silencio del padre es suficiente. Por lo tanto, dar ejemplo precede a predicar, y la bondad precede a la explicación. Llena el corazón de aquel a quien llamas al Islam con tu bondad para que se abra a tus palabras. La bondad precede a la explicación. No hay maestro severo que no beneficie en absoluto a sus alumnos. La misericordia es esencial. Tomo este punto sutil del Nombre más grande de Allah:
No existe un maestro severo y carente de misericordia del que los alumnos puedan beneficiarse plenamente. La compasión es indispensable en la educación.
Esta delicada cuestión puede comprenderse a la luz de uno de los nombres de Allah:
﴾ “Bendito sea el Nombre de tu Señor, Dueño de la Majestad y de la Generosidad.” ﴿
[ (Sura Ar-Rahman, 55:78) ]
“Dueño de la Majestad” significa que lo veneramos y lo amamos; lo veneramos en la medida en que lo amamos y lo amamos en la medida en que lo veneramos.
Hay padres y madres excesivamente duros; su misión educativa fracasa porque sus hijos terminan odiándolos. También hay padres excesivamente permisivos; ellos también fracasan en su tarea.
La verdadera excelencia consiste en que tu hijo te tema en la misma medida en que te ama, o te ame en la misma medida en que te respeta y teme. Esto se inspira en las palabras de Allah:
“Bendito sea el Nombre de tu Señor, Dueño de la Majestad y de la Generosidad.”
Allah inspira respeto por Su poder y Su justicia, pero al mismo tiempo es infinitamente misericordioso. En el lenguaje actual, esto podría describirse como mantener un equilibrio adecuado. El hijo debe amarte y respetarte al mismo tiempo.
La inversión más valiosa ante Allah es, sin duda, la educación de los hijos.
Recuerdo que hace unos veinticinco años estuve en Estados Unidos, cuando Bill Clinton era presidente. Entonces dije: aunque una persona alcance un cargo tan alto como el de Clinton, posea una fortuna comparable a la de Onassis —uno de los hombres más ricos de su época— y tenga una inteligencia semejante a la de Einstein, si su hijo no es como desea, seguirá siendo una persona desgraciada.
No puedo creer que un padre sea verdaderamente feliz mientras su hijo vive descarriado, ni que una madre sea feliz mientras su hija lleva una vida equivocada.
La necesidad de conocer con precisión a los amigos de los hijos
Ahora quisiera señalar un aspecto importante de la ciencia de la educación.
La hija o el hijo no reciben influencia únicamente de sus padres. También influyen el tío paterno, el tío materno, el imán de la mezquita, el predicador, el profesor de religión y todas las personas encargadas de orientarlos.
Si reunimos todas estas influencias educativas —los sermones, las conferencias, los libros, el Corán, la Sunna y cualquier medio de orientación—, su impacto representa aproximadamente un 40 %.
En cambio, los malos amigos representan alrededor del 60 % de la influencia.
Por ello, una de las cuestiones más importantes que deben conocer los padres es quiénes son los amigos de sus hijos y las amigas de sus hijas.
Tú, como madre, debes saber quién es la amiga de tu hija; y tú, como padre, debes conocer con certeza quién es el amigo de tu hijo.
El tío, el maestro, el imán, el predicador, los programas islámicos, los libros y las enseñanzas religiosas tienen una gran influencia, pero el círculo de amistades posee un impacto aún mayor.
Por eso, los padres conscientes conocen perfectamente a los amigos de sus hijos y a las amigas de sus hijas.
Este punto es extremadamente importante.
Conozco a un hermano muy respetable en Damasco que procura conocer personalmente a las familias de los amigos de sus hijos. Organizan reuniones cada dos semanas o una vez al mes para fortalecer los vínculos, fomentar la armonía entre las familias y asegurar que compartan valores y principios semejantes.
La ley de la atracción y el alejamiento
Por lo tanto, el ejemplo precede a la exhortación. Aunque no pronunciemos una sola palabra de orientación o consejo, si el padre es sincero, honesto, casto y no realiza ninguna acción de la que tenga que avergonzarse o disculparse, ya está educando con su conducta.
Un consejo muy preciso es: evita todo aquello por lo que tengas que pedir disculpas.
Un padre así, aunque no hable, no dé consejos, no pronuncie sermones ni advertencias, su rectitud es una invitación al bien, su honestidad es una invitación al bien y su orgullo por su religión es una invitación al bien.
Por eso, el ejemplo precede a la exhortación y la bondad precede a la explicación.
Ahora prestemos atención a esta importante ley divina:
﴾ “Por una misericordia de Allah fuiste amable con ellos. Si hubieras sido áspero y duro de corazón, se habrían alejado de tu alrededor. Perdónalos, pide perdón por ellos y consulta con ellos los asuntos. Y cuando hayas tomado una decisión, confía en Allah. Ciertamente, Allah ama a quienes confían en Él.” ﴿
[ (Sura Al-Imran, 3:159) ]
Es decir: ¡Oh Muhammad!, gracias a la misericordia que Allah puso en tu corazón mediante tu conexión con Él, fuiste amable con la gente.
“Por una misericordia de Allah fuiste amable con ellos.”
Y aun siendo tú quién eres: el mejor de la creación, el amado de Allah y el señor de los hijos de Adán, “Si hubieras sido áspero y duro de corazón, se habrían alejado de tu alrededor.”
Por eso Allah le ordena:
“Perdónalos, pide perdón por ellos y consulta con ellos los asuntos.”
El ejemplo precede a la exhortación y la bondad precede a la explicación.
Con la bondad se conquista el corazón de las personas. Una palabra amable, un gesto afectuoso o un regalo ocasional pueden abrir puertas que la dureza jamás abriría.
Conocí a un hombre que se había casado con una mujer poco comprometida religiosamente, porque en aquella época él tampoco lo estaba. Más tarde Allah lo guio hacia el camino recto y empezó a sufrir porque su esposa no llevaba velo y no observaba las normas islámicas en su vestimenta.
Me pidió consejo acerca de divorciarse de ella.
Le respondí:
—Jamás. Tú la elegiste tal como era. Te gustaba precisamente por ese comportamiento. Si Allah te ha guiado y ha sido paciente contigo, sé tú también paciente con ella.
Le enseñé la importancia de la bondad y le aconsejé tratarla con amabilidad durante seis meses.
Tiempo después me dijo:
—Por Allah, un día me sorprendió poniéndose el pañuelo antes de acompañarme a visitar a mis padres.
Por eso digo: llena el corazón de quien deseas orientar con tu bondad y entonces abrirá su mente a tus explicaciones.
En cambio, la violencia nunca produce resultados positivos.
Durante mis años universitarios estudiamos una de las obras más importantes de Frantz Fanon, un libro de casi ochocientas páginas cuyo mensaje esencial puede resumirse en una frase: La violencia solo engendra violencia.
El peor camino educativo es el de la violencia. Convence, no reprimas.
Existen métodos tradicionales que han demostrado su fracaso absoluto.
El diálogo, en cambio, es un método exitoso. Enseña a tu hijo a dialogar.
Conozco a una familia que tiene la costumbre de reunirse diariamente alrededor de una comida en la que participan todos sus miembros. Durante esas reuniones, el hijo cuenta lo que ha dicho su profesor y pregunta a su padre qué opina sobre ello.
Ese intercambio crea un ambiente de diálogo.
El diálogo es una manifestación de civilización.
La discusión suele tener una connotación negativa, mientras que el diálogo tiene una finalidad positiva.
El objetivo del diálogo es descubrir la verdad. Por eso, si la razón está del lado de la otra persona, no tengo inconveniente en abandonar mi propia opinión.
En cambio, muchas discusiones solo buscan imponer el punto de vista propio y afirmar la personalidad, aferrándose a una idea por orgullo o fanatismo y no por convicción.
El diálogo auténtico busca la verdad.
Por ello, es fundamental que el padre reserve cada día un tiempo para conversar con sus hijos. Debe existir un momento diario de encuentro y comunicación.
Nuevamente: El ejemplo precede a la exhortación. La bondad precede a la explicación. Llena el corazón de quien deseas orientar con tu bondad y él abrirá su mente a tus enseñanzas.
La violencia no produce más que violencia.
Allah se dirigió al Profeta, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, diciendo:
“Por una misericordia de Allah fuiste amable con ellos.”
La letra “ba” en el versículo indica causalidad: fue debido a una misericordia procedente de Allah que el Profeta fue amable con la gente.
Y aun siendo Muhammad, la paz y las bendiciones de Allah sean con él quien era —el señor de la creación y el amado de Allah—, Allah le recordó:
“Si hubieras sido áspero y duro de corazón, se habrían alejado de tu alrededor.”
Este versículo es extraordinariamente preciso.
La conexión con Allah permite al creyente obtener de Él la misericordia necesaria para tratar bien a las personas.
Cuando eres amable con los demás, ellos se reúnen a tu alrededor y te aman.
¿Existe acaso un padre que no desee que sus hijos estén cerca de él, que lo amen y estén dispuestos a sacrificarse por él?
¿Existe una madre que no desee tener a sus hijos e hijas a su lado, sirviéndola con cariño y respeto?
Allah dice:
“Por una misericordia de Allah fuiste amable con ellos.”
Y añade:
“Si hubieras sido áspero y duro de corazón, se habrían alejado de tu alrededor. Perdónalos, pide perdón por ellos y consulta con ellos los asuntos. Y cuando hayas tomado una decisión, confía en Allah.”
Quiero concluir con una reflexión importante.
Desde hace años, las noticias positivas son escasas y las preocupaciones abundan. Sin embargo, cuando el primer círculo familiar funciona correctamente —el padre, la madre, los hijos, las hijas, los yernos, las nueras y los nietos—, muchas de las dificultades externas se vuelven más llevaderas.
Los hijos traen nueras a la familia, las hijas traen yernos, y los nietos completan ese círculo familiar.
Si esta familia vive en armonía, cooperación, amor y apoyo mutuo, las malas noticias del exterior pierden gran parte de su peso.
Lo más importante es el éxito de este primer círculo familiar.
Por duras que sean las circunstancias del mundo, cuando existe amor, entendimiento y solidaridad dentro de la familia, los problemas externos resultan mucho más fáciles de soportar.
Por eso Allah dice:
“Por una misericordia de Allah fuiste amable con ellos; y si hubieras sido áspero y duro de corazón, se habrían alejado de tu alrededor. Perdónalos, pide perdón por ellos y consulta con ellos los asuntos.”
3. Los principios antes que los detalles
Hemos dicho anteriormente: el ejemplo precede a la exhortación y la bondad precede a la explicación. A esto añadimos ahora un tercer principio: los fundamentos deben preceder a los detalles secundarios.
Recuerdo una anécdota relacionada con el gran reformador islámico Muhammad Abduh. Se cuenta que un francés abrazó el Islam gracias a un sheij de Al-Azhar. Sin embargo, este maestro pasó seis meses explicándole únicamente las normas jurídicas relacionadas con las aguas y la purificación ritual. Al final, aquel francés abandonó el Islam y se apartó de la religión.
Más tarde se encontró con el Imam Muhammad Abduh, quien le dijo:
—El agua que bebes puedes utilizarla para hacer la ablución.
Con ello quiso señalar que necesitamos presentar el Islam de manera sencilla, práctica y comprensible. Las extensas obras de jurisprudencia tienen su valor, pero pertenecen a un contexto y a una época determinados. Lo que hoy necesitamos es simplificar, racionalizar y mostrar la armonía entre la religión y la razón.
Allah creó en el ser humano la facultad de la razón. Cuando alguien no concede importancia a la relación entre la razón y la revelación, perjudica gravemente la labor de la predicación y la enseñanza religiosa.
La razón ha sido creada por Allah y funciona según principios fundamentales: el principio de causalidad, el principio de finalidad y el principio de no contradicción.
Por otra parte, la revelación constituye el mensaje procedente del cielo.
La concordancia entre la razón sana y la revelación auténtica es inevitable. Si parece existir una contradicción, entonces una de dos cosas sucede: o la transmisión religiosa no es auténtica —por ejemplo, un hadiz débil o una narración falsa— o la razón utilizada no es objetiva ni correcta.
Existe una imagen que suelo mencionar, especialmente a nuestras apreciadas hermanas: imaginemos un círculo atravesado por cinco líneas que convergen en un mismo punto.
La primera línea es la revelación auténtica. Porque también existen relatos falsos, hadices inventados y narraciones sin fundamento.
La segunda línea es la razón objetiva y clara. No una razón justificadora que busca excusas, ni una razón oportunista que persigue intereses personales, sino una razón sincera y objetiva.
Cuando los británicos ocuparon Irak afirmaron:
—Hemos venido para traer libertad.
Pero esa afirmación era falsa. Más tarde, Paul Bremer reconoció abiertamente:
—Hemos venido por el petróleo.
Aquí vemos la diferencia entre los discursos interesados y la razón objetiva que busca la verdad.
Además de la revelación auténtica y la razón clara, existe un tercer elemento fundamental: la fitra, es decir, la naturaleza sana e innata del ser humano.
¿Qué es la fitra?
Es una medida moral y psicológica interior, no una medida material.
Imaginemos el siguiente ejemplo:
Un hombre llega a casa a la una de la madrugada. Su madre le dice:
—Por favor, necesito este medicamento.
Él responde:
—Todas las farmacias están cerradas, madre.
La madre guarda silencio.
Sin embargo, él sabe perfectamente que existen varias farmacias de guardia abiertas durante la noche y que además dispone de un automóvil para desplazarse.
Ese hombre no podrá dormir con la conciencia tranquila.
¿Quién lo castiga? Su propia fitra, su conciencia moral interior.
Supongamos ahora que toma su coche y recorre las cinco farmacias de guardia buscando el medicamento, pero no logra encontrarlo porque está agotado en todas ellas.
En ambos casos el resultado es el mismo: la madre no obtiene el medicamento.
Sin embargo, en el segundo caso el hombre dormirá tranquilo y con la conciencia en paz.
Eso es precisamente la fitra: la voz interior que distingue entre haber cumplido sinceramente con el deber y haber buscado una excusa para eludirlo.
4. Dirigirse al corazón y a la razón al mismo tiempo
Hemos mencionado ya varios principios fundamentales de la educación: el ejemplo precede a la exhortación, la bondad precede a la explicación y los fundamentos preceden a los detalles. A estos añadimos un cuarto principio: dirigirse simultáneamente al corazón y a la razón.
Allah, Altísimo sea, dice:
﴾ “¡Oh ser humano! ¿Qué te ha engañado acerca de tu Señor Generoso?” ﴿
[ (Sura Al-Infitar, 82:6) ]
Aquí Allah se dirige a la razón del ser humano, invitándolo a reflexionar.
Y luego añade:
﴾ “Aquel que te creó, te formó armoniosamente y te dio una constitución equilibrada.” ﴿
[ (Sura Al-Infitar, 82:7) ]
El ser humano está compuesto de tres dimensiones fundamentales: Una razón que comprende y reflexiona, un corazón que ama y siente, un cuerpo que actúa y se mueve. Por ello, la educación equilibrada debe atender a las tres dimensiones.
La razón debe alimentarse con un conocimiento correcto, preciso y beneficioso.
El corazón debe alimentarse con un amor noble que eleve a la persona moral y espiritualmente.
Y el cuerpo debe alimentarse con comida y bebida obtenidas de manera lícita y honesta.
Cuando se nutre la razón con conocimiento, el corazón con amor y el cuerpo con sustento halal, la persona progresa, sobresale y alcanza el equilibrio.
Sin embargo, si se atiende solamente a una de estas dimensiones y se descuidan las demás, aparece el extremismo.
Y el extremismo adopta dos formas opuestas: El extremismo de la rigidez y la dureza, el extremismo de la laxitud y la permisividad.
La primera forma puede conducir a actitudes como el takfir (declarar incrédulos a otros musulmanes) o la violencia extremista.
La segunda conduce al libertinaje moral y a la pérdida de valores.
Por eso es indispensable educar simultáneamente la mente, el corazón y el cuerpo.
5. Los contenidos, no los títulos
Otro principio fundamental es prestar atención a los contenidos y no dejarse seducir por los títulos llamativos.
Debemos buscar los significados profundos y las realidades auténticas, no las apariencias ni los eslóganes atractivos.
Ocúpate de los contenidos, no de los títulos.
Asimismo, debemos aferrarnos a los principios y no a las personas.
En la tradición islámica se dice:
“Conocemos a las personas por la verdad, y no conocemos la verdad por las personas.”
La verdad es el criterio fundamental.
Respetamos a quien se adhiere a la verdad.
Pero si una persona famosa, influyente o prestigiosa habla en contra de la verdad, contradice el Corán y la Sunna o promueve el error, su fama no le otorga autoridad moral.
El criterio no es la celebridad de la persona, sino la conformidad de sus palabras con la verdad.
Por ello, la referencia principal para el musulmán sigue siendo el Libro de Allah y la Sunna de Su Mensajero, la paz y las bendiciones de Allah sean con él.
El Profeta, la paz y las bendiciones de Allah sean con él, dijo:
(( “Os dejo dos cosas; mientras os aferréis a ellas, jamás os extraviaréis: el Libro de Allah y mi Sunna. Ambos no se separarán hasta que se encuentren conmigo junto al Estanque.” ))
[ (Narrado y autentificado por Al-Albani) ]
En resumen, los principios fundamentales de la educación son:
El ejemplo precede a la exhortación, la bondad precede a la explicación, los fundamentos preceden a los detalles, debemos dirigirnos simultáneamente a la razón y al corazón, debemos preocuparnos por los contenidos profundos y los principios, no por los títulos llamativos ni por las personas en sí mismas.
Estos son pilares esenciales para una educación equilibrada, sabia y eficaz en el Islam.
6. El extremismo, no el salto repentino
Existe el extremismo, no el “salto repentino”. El Corán está entre vuestras manos:
﴾ “¡Oh creyentes! No os acerquéis a la oración estando ebrios, hasta que sepáis lo que decís; ni en estado de impureza ritual, salvo cuando estéis de paso, hasta que os lavéis. Y si estáis enfermos o de viaje, o alguno de vosotros viene de hacer sus necesidades, o habéis tocado a las mujeres y no encontráis agua, entonces recurrid a tierra limpia y pasadla por vuestros rostros y manos. Ciertamente Allah es indulgente, perdonador.” ﴿
¿Qué es esto? ¡Es el Corán!
Según la lectura literal del texto, ¿significa que se permitía estar ebrio entre las oraciones? No. Esta norma fue posteriormente abrogada en su aplicación legal, pero el versículo permanece en el Corán para enseñarnos un principio fundamental: la gradualidad en la educación y en la predicación.
En la da‘wa (llamado al Islam), debe existir progresión. No se debe imponer todo el peso de una vez. La prohibición de acercarse a la oración estando ebrio representa una etapa gradual en la formación del creyente.
Por eso, este versículo, aunque su aplicación legal fue abrogada, conserva una gran lección pedagógica: el método de la gradualidad con los niños, con los jóvenes y con quienes están aprendiendo. En la educación no se debe imponer todo de golpe. Por ello, la llamada a Allah es la obra más grande.
La sabiduría es la mayor cualidad del ser humano
Los principios fundamentales son: El ejemplo precede a la exhortación, la bondad precede a la explicación, los fundamentos preceden a los detalles, los contenidos son más importantes que los títulos, la gradualidad es preferible al salto brusco, el corazón y la razón deben ser abordados conjuntamente.
El predicador debe tener sabiduría y misericordia, como dice Allah:
﴾ “Por una misericordia de Allah fuiste amable con ellos.” ﴿
[ (Sura Al-Imran, 3:159) ]
Y en un hadiz del Profeta, la paz y las bendiciones de Allah sean con él:
(( “Los misericordiosos serán tratados con misericordia por el Misericordioso. Sed misericordiosos con los habitantes de la tierra y Aquel que está en el cielo tendrá misericordia de vosotros.” ))
[ (Abu Dawud, Tirmidhi, Ahmad) ]
En algunas situaciones, una pregunta fundamental puede ser contraproducente. No se debe recurrir a la dureza; hay que contener la situación.
La verdadera inteligencia y el verdadero éxito consisten en comprender al niño o al joven, incluso cuando muestra rechazo o tensión hacia la religión, en lugar de expulsarlo o rechazarlo. El objetivo es contener, no expulsar.
Por eso, la sabiduría es la mayor cualidad del ser humano. Allah no dice: “Quien es sabio…”, sino:
﴾ “A quien Allah quiere, le concede la sabiduría; y a quien se le concede la sabiduría, se le ha concedido un gran bien.” ﴿
[ (Sura Al-Baqara, 2:269) ]
Con la sabiduría puedes transformar un enemigo en amigo. Sin sabiduría, puedes convertir a un amigo en enemigo.
Con sabiduría puedes vivir feliz con cualquier esposa; sin sabiduría puedes ser desgraciado incluso con la mejor esposa. Y lo mismo ocurre en sentido inverso.
La sabiduría es el mayor don divino. No se adquiere fácilmente: es un regalo de Allah.
Con sabiduría ves lo positivo y no te ciegas ante lo negativo; sin ella solo ves defectos y pasas por alto las virtudes.
El objetivo es construir una familia feliz, que sea la primera célula de la sociedad: un hogar basado en la armonía, el amor, la cooperación y la ausencia de violencia.
Un hogar así reduce enormemente el impacto de las noticias negativas del mundo exterior.
Que Allah haga nuestros hogares llenos de fe, llenos de adoración y llenos de paz.
Una última advertencia: si las pantallas —televisión, iPad o teléfono— no se controlan adecuadamente en el hogar, la educación espiritual dentro de la familia se debilita seriamente.
Que Allah preserve vuestra fe, vuestras familias, vuestra salud y a quienes os rodean.
Y la paz y las bendiciones de Allah sean con todos vosotros.
Auditor